martes, 1 de noviembre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #6: Turisteando por Graz (Parte II)

10 de septiembre de 2016


Tomar la decisión de ir al Schlossberg recién comidos fue una completa desfachatez. Subimos empinadas cuestas, sudamos como nunca pensé que lo haría en Austria, luchamos por no desfallecer en el camino. Justo cuando parecía que íbamos a llegar a la cima, dábamos un nuevo giro, hacia un nuevo tramo, mucho más empinado que el anterior. No obstante, mereció muchísimo la pena. 

Es muy curioso presenciar cómo en un núcleo urbano hay un pequeño bosque tan frondoso y bien cuidado. Daba la sensación de que habíamos dejado Graz y que nos habíamos introducido en algún paraje natural cercano. Cuando alcanzamos la cima, comprobamos que efectivamente seguíamos allí: una vista panorámica de la ciudad se extendía majestuosa ante nuestros ojos.

¿Qué es lo que ocurre cuando juntas un precioso paisaje y unas niñas a las que les gusta más hacerse fotos que a un tonto un lápiz? 
Que te sale un book de fotografías en un par de horas. 

Así que, queridos lectores, para que podáis haceros una idea de lo que vi aquél día, os deleitaré con algunas fotos...



Marta y su piti, tan divinos como siempre.

En realidad en ese momento estaba cagada porque había una caída bastante considerable.


¡Las pisisukis!
Después de pasear por el Schlossberg y hacernos este reportaje fotográfico (Steffanie y su amigo tuvieron mucha paciencia con nosotros), dimos un paseo por el centro, y para acabar el día fuimos a merendar a Tribeka, una cafetería bastante popular por aquí. Yo me tomé un batido de chocolate blanco y frutos del bosque, que (a pesar de que en la foto no luzca mucho) estuvo muy rico. 


Un día 100% turismo que tengo muchas ganas de repetir. 

domingo, 23 de octubre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #5: Turisteando por Graz (Parte I)

10 de septiembre de 2016 (Parte I)

Qué recuerdos, cuando aún hacía buen tiempo...
Segundo sábado en Graz...¡Ya toca moverse algo por la ciudad! Qué vale, que me he tomado varias cervezas en algunos sitios, pero lo que es descubrir la ciudad en sí, nada de nada. 

Una amiga de Noelia vino ese finde a visitarla desde Viena, por lo que nos unimos a su salida por la ciudad. Steffanie (así se llama la chica, otra tocaya mía. Aquí lo bueno abunda) tiene un amigo de Graz (lo siento colega, eres muy majo, pero no me acuerdo de tu nombre) que nos acompañó, y que fue un guía estupendo y muy agradable. 

Nuestra primera parada fue el Joanneumsviertel, una galería de arte en la que nos sumimos en hermosos paisajes, trazos coloridos, bocetos indescriptibles, y... "obras" un tanto extrañas. Mientras que la primera y la segunda sección son puro arte (eso sí, uno más abstracto y atrevido que otro), no denominaría a la tercera como tal. La introducción de la tecnología y trucos visuales se me asemeja más a la ciencia. 



#NoeCasual


Tras el museo, marchamos a paso rápido, pues nuestros estómagos rugían, a un restaurante de comida típica austriaca. Por un módico precio de 10 euros, me tomé este plataco de medallones de cerdo con una especie de pasta casera. ¡Estaba riquísimo! Lo único que no entendía era la función de la nata líquida en el centro del plato... (?)

La cosa esa no identificable es la pasta. Extraña pero rica. 
Con el estómago lleno, tomamos una decisión no muy acertada: subir a la cima del Schlossberg, un monte que se encuentra en el centro de la ciudad. Si sobrevivimos o no... lo podréis averiguar en la próxima entrada. 


domingo, 11 de septiembre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #4: ¿Dónde está mi móvil?

3 de septiembre de 2016

Aquella mañana me dediqué a colocar las cosas de la maleta en el armario, pues era necesario ahorrar espacio para poder moverme por la habitación.

A la tarde, Marta (compi de resi con la que sobrevivo dia y yo fuimos en coche con Steffi al IKEA, a comprar los materiales esenciales para sobrevivir y poder cocinar como personas normales. Después de una hora estrújandonos la cabeza para escoger los productos más baratos, busqué en la mochila para ver la hora en el móvil… y no estaba.

Si me conocéis sois conscientes de que tengo un talento innato para dejarme el teléfono en cualquier lugar. Así que podéis imaginar el pánico que me entró cuando me di cuenta que podría haberme dejado el móvil en un rincón perdido del IKEA.

Quedarme sin teléfono habría sido horrible, pues no había podido coger la clave del wifi ese fin de semana, y por lo tanto no tendría forma de contactar con nadie. Al borde de un ataque de nervios, Steffi y yo fuimos a objetos perdidos (habían anunciado por megafonía que habían encontrado un móvil, pero como hablaban en alemán, no entendí ni papa) pero me dijeron que el que tenían no coincidía con la descripción del mío. Como última opción nos marchamos al coche, y efectivamente allí estaba: en el asiento del copiloto. Se me había caído del pantalón.

Demasiadas emociones en muy poco tiempo.

Terminamos la compra aprisa porque a las 6 cerraba el IKEA, y una vez en la residencia Marta y yo hicimos reparto de bienes. Un poco de organización, de descanso...¡y a salir por la noche!

Bueno, a las 8.30.

Quedamos con Noelia, Pablo y Guille (como podéis deducir, son españoles), y fuimos a AREA 5, en JAKOMINIPLATZ (una de las plazas principales de la ciudad). AREA 5 está en la planta superior de una especie de centro comercial, por lo que tiene unas vistas estupendas. Este bar también pertenece a la cadena DIE BAUSATZLOKALE, pero en esta ocasión decidí pedirme una pizza. La acompañé con una pinta de PUNTIGAMER, la típica de Graz. ¡Muy rica, por cierto!




Unos vinitos blancos fueron los que vinieron después, pero estos venían aderezados con un toque de sirope de sabores. Aprovechando el típico “yo nunca”, nos pasamos los vasos y fuimos probándolos todos.

(Hasta que Guille rompió la copa, claro. Just kidding)



La residencia de nuestros compañeros (Neutorgasse), fue la siguiente parada. Nos hicieron un tour por su “humilde” morada y nos asentamos en la cocina con unas cervezas. La noche fue estupenda: juegos, risas, gente encantadora, y por fin, la primera promesa de que el Erasmus merecería la pena. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #3: “Blitz und Weiß”

2 de septiembre (Parte II)

Al ritmo de Nickel Back y Linkin Park, Steffi y yo dejamos mi cuartito como los chorros del oro. Acabamos cansadas y muertas de calor, pero el trabajo mereció la pena: ¡ha quedado como los estupendo, parece otro cuarto!

Nos dimos un descanso, en el que me duché y me relajé para hacer acopio de fuerzas y salir por la noche. A las 8.30 nos reunimos en la puerta de la residencia los mismos que quedamos aquella mañana. Al grupo se unió Silvia, otra adoptada más de Steffi. Ingenua de mí, manteniendo la hora española, no cené antes de nuestra salida. Así que buscamos un lugar para alimentarme, que resultó ser el CONTINUUM.


Os cuento: el CONTINUUM forma parte de una cadena (DIE BAUSATZLOKALE) muy famosa en Graz, pues hay al menos 7 bares como este. La particularidad que tienen es que son muy económicos y la mecánica a la hora de pedir la comida es muy original. Hay unos papelitos de colores en las mesas, y a cada uno de ellos se les asigna un plato distinto: pizza, tostada, hamburguesa, pasta, carne al grill, Pfandl (una especie de pasta hecha de huevo, que está riquísima), tostas, Eierspeis (supongo que será algo con huevo, pero aún no lo he averiguado), desayunos y snacks, Offenkartofeel (traducción literal = patatas abiertas), gofres, y lo más chulo: un cocktel con diferentes tipos de alcohol, siropes de sabores, y zumos y refrescos.


Una cosa muy típica de Austria es el Weisswein (vino blanco), que está bastante bien por Graz. Es más barato que una cerveza, y para acompañar la comida (seguí la recomendación de Steffi y pedí Pfandl) entra perfectamente.


Tras eso fuimos a dos pubs diferentes: cuyas bebidas no fueron menos exóticas, pero de las cuales no tengo ninguna imagen. La primera que tomé era una especie de jugo de frutas del bosque con los propios frutos, impregnados de ginebra. Sabor refrescante, dulce pero no empalagoso. Lo segundo, té matcha con vodka. Nunca había probado este té, pero con alcohol y un par de hielos hace una mezcla estupenda. En los pubs de Austria las bebidas más rentables que puedes tomar son las cervezas (las pintas rondan 3,5 euros) y el vino (aproximadamente 2,80 euros), porque los cócteles y las bebidas más especiales salen mucho más caras, así que es mejor reservarlas para una salida especial.

(Steffi & Jacob)

Pero como era mi segundo día en Graz y no es que tuviese el ánimo por las nubes, decidí darme un lujo, relajarme... y pasarlo bien.


Cuando hablé por teléfono aquella noche, me sentía algo rara porque no estaba hablando inglés. Cosas del erasmus. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Sobrevivendo al Erasmus #2 - It's time to begin, isn't it?

2 de septiembre de 2016 (Parte I)

Esta nueva jornada comenzó también pronto: a las 7 ya estaba en pie para ir a Karl-Franzens Universität para atender a la reunión de bienvenida al Deutschkurs. Por suerte, Karoline Marko (la encargada del curso) se molestó en hacernos la presentación tanto en inglés, como en alemán.

Como mi prueba de nivel era a las 11.20, tuve un tiempo para regresar a la residencia y relajarme un poco. Antes de entrar al examen, me pedí un Capucchino de máquina en la uni. Me sorprendió su precio (1,40 euros), pero también su sabor, ¡estaba riquísimo! Espero no volverme adicta a esos cafés porque me arruinaré si me tomo uno todos los días.

La prueba de nivel era informatizada, y se avanzaba según los niveles. Para poder pasar al bloque B1-B2, era obligatorio superar la fase A1-A2 con al menos un 80% de respuestas correctas. La primera fase no me resultó complicada de superar, pero admito que estaba un poco asustada de no alcanzar el mínimo requerido. Sin embargo, la prueba me salió bien por lo general, a pesar de que se me agotaron los 50 minutos y el sistema me sacó del examen sin poder completar el último ejercicio.

Luego Steffi nos recogió a Alba (una compi de carrera un año más peque que yo) y a mí, y fuimos junto con sus otros adoptados Jacob (de mi edad, un chico americano muy divertido y risueño que se sentía feliz porque en Austria podía comprar alcohol y pasear tranquilamente por la calle sabiendo que nadie porta una pistola) y Heymi (una chica koreana poco habladora pero muy dulce), al PROPELLER. También se nos unió una amiga suya (cuyo nombre no sé ni escribir ni pronunciar) muy graciosa y habladora que amenizó la quedada.


Allí tomamos unas cervezas y almorzamos a una hora relativamente aceptable. No os preocupéis, lo bueno de los pub-bar de Austria es que por lo general sirven comida durante todo el día hasta las 12-1 de la noche, así que no tenéis porqué temer el quedaros sin cenar si salís a hora española. El ambiente era agradable, el menú que pedí estaba muy bien en relación calidad, cantidad y precio (7.90).



Luego regresé a la residencia con Steffi con intención de arreglar el papeleo, el rollo de la suciedad, y pillar mi clave de Internet. Nada pudo solucionarse: la oficina estaba cerrada, y no había ninguna limpiadora disponible para arreglar mi desorden. Para calmar mi disgusto, fuimos al centro a dar una vuelta. Leechgasse está a 20 minutos del Innerestadt a pie, así que dimos un bonito paseo que me sirvió para despejarme. Tomamos un delicioso helado (Cookies y Penaut Chocolate), caminamos por Hauptplatz y Hakominiplatz. No me detuve demasiado a hacer fotos porque íbamos ligeras, así que otro día os traeré un reportaje de la zona.


Tuve que hacer unas compras esenciales: un pantalón corto para no morir de calor, unas sandalias, algo de sustento, y lo más necesario…

                …instrumentos y material de limpieza. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #1 - Bienvenida inesperada

1 de septiembre de 2016


Este pasado jueves comenzó la aventura que este curso me prometía: mi estancia en Graz. Para llegar a mi destino tuve que hacer dos escalas: Sevilla – Barcelona y Barcelona – Viena. No obstante, a esto había que sumarle dos tramos en coche y autobús: el primero, para llegar a Sevilla;  y el segundo, para Graz.

Así que a las 2 de la madrugada mi familia y yo partimos hacia el aeropuerto de Sevilla, para poder llegar a buena hora, pues el vuelo lo tenía a las 7 de la mañana. La despedida con mi familia fue muy bonita, al igual que con el resto de mis amigos y familiares el día anterior. Si alguna vez os vais de Erasmus, es comprensible que os emocionéis en ese momento, pero entristecerse no merece la pena. Abrazos, pero con sonrisas… y para el vuelo.

En la terminal número 8 me reuní con Paula, con quien hice el primer vuelo. Poco a poco, en cada aeropuerto, nos fuimos encontrando con los Erasmus de Graz. Finalmente, en el aeropuerto de Viena, todos tomamos el Flixbus de las 16.50 para Graz.


En el camino no vi nada más allá que verde, verde y más verde. A pesar de que charlamos entre nosotros y nos fuimos conociendo, el viaje se me hizo largo, pues estaba cansada de todo el día. A las 19.30 llegamos por fin a Graz, Girardigasse. Allí me recogió Steffi, mi buddy.

Para quién no sepa qué es un buddy, daré una breve explicación: es un estudiante de tu ciudad de destino Erasmus, que se ofrece a cuidar de ti y a guiarte durante tu estancia.

La mala suerte que he tenido con otras cosas se compensa con Steffi: es una chica estupenda, amable, dispuesta a ayudar, y que siempre luce una brillante sonrisa que te promete que todo irá bien.

(Es lógico que sea tan maravillosa y tan buena persona. Se llama Estefanía, jiji).

Steffi y yo partimos hacia el SPAR y el IKEA, donde compré las cosas necesarias para sobrevivir esa noche. Ingenua de mí, compré hasta un edredón por si pasaba frío. Creo que la concepción que tenemos la gente del sur sobre los países que se hallan más al norte es que viven en un estado de congelación permanente.

ESO ES MENTIRA.

Vale, no os digo que no vaya a hacer un frío polar dentro de dos semanas, pero aún estamos a principios de septiembre, y en Graz todavía apetece llevar mangas cortas y sandalias (al menos por el día), cosa que yo no he traído.

He aquí, el primer hecho inesperado: CALOR

Eso no es todo: una vez finalizadas las compras, Steffi me cuenta que el ascensor de mi residencia está estropeado, y que tendremos que cargar con las maletas hasta el tercer piso.

Segundo hecho inesperado: HACER PESAS CON EL EQUIPAJE

Por suerte, un gigantón se ofreció a llevar la de 24kg, pero yo casi muero cargando la maleta de mano, que obviamente, no se podía portar con una mano sola.

Tercer hecho inesperado: MI HABITACIÓN Y SUS ENTORNOS

Sorprendentemente pequeña y bañada por una capa de porquería y polvo (la cual he fotografiado para tener pruebas físicas, pero no voy a mostraros porque son desagradables) hizo que todo el ánimo y brío que había tenido durante el día se esfumase en un plis plas. La cocina y las zonas comunes de mi bloque están igual de sucias. El cuarto de baño es una gran sala que tiene tres duchas y tres baños, divididos con claustrofóbicos habitáculos de plástico.

Lo que me deprimió completamente fue visitar la habitación de una de las compañeras, que es gigante en comparación con mi buhardilla Potteriana. Esa noche nos reunimos las españolitas y tomamos comida precocinada mientras intercambiamos nefastas opiniones. No estar sola me ayudó muchísimo: las chicas consiguieron arrancarme unas sonrisas.

Tras unas llamadas de teléfono que me sirvieron para desahogarme, caí rendida en un profundo sueño, que a la mañana siguiente, cuando me desperté a las 7 para ir al curso de alemán, me hizo creer que aún seguía en casa.


Cuarto hecho inesperado: LOS RUIDOS DEL SOMIER

martes, 19 de julio de 2016

Epifanía Gastronómica #2: Estepona y Palm Beach


Antes de marcharme al Curso de Jóvenes Escritores organizado por el Centro Andaluz de las Letras (sobre el cual escribiré la próxima entrada, pero os adelanto que ha sido una experiencia INCREÍBLE), hice una escapadita con la familia para celebrar que de nuevo estábamos juntos y para despedirme a mi también. 

Fuimos a Estepona, a un chiringuito llamado Palm Beach. Si vivís cerca de esta ciudad, os animo a visitarla. Está muy cuidada, tiene un aspecto precioso, y la parte del paseo marítimo está genial. En cuanto al chiringuito, no puedo hacer más que recomendaros lo mismo. camarero guapo Trato amable, ambiente calmado, música agradable, hamacas cómodas, y lo más importante: comida deliciosa.



De entrantes compartimos una Ensalada César, que aunque no era nada del otro mundo (para que me sorprendan con una ensalada tiene que ser innovadora, porque soy una auténtica maestra en cuanto a hierbas, por favor, no seamos mal pensados) estaba rica y refrescante, y unos Rollitos Selección Palm Beach Asiático de pasta filo (?), rellenos de carne aderezada con diferentes especias y acompañados con dos salsas distintas: agridulce y yogurt. ¡Me supieron a poco! 



De plato principal mis padres pidieron una Hamburguesa Clásica. Tenía buena pinta, pero como yo soy más sibarita, decidí pedir algo más sofisticado: Palm Beach Salteado. Os retransmito textualmente lo que lleva según la carta: "Pollo y gambas salteados en salsa de ostras o chili dulce o thai curry con verduras crujiente, anacardos, pan de gamba y arroz basmati." Madre mía, con esa combinación de alimentos y sabores, ¿cómo no iba a pedirlo? 

Estaba delicioso, la pega fue que una servidora pensaba que thai curry era la salsa más suave de las dos... y resultó ser lo contrario. Traté de aplacar el calor con la mayonesa, pero la única alternativa que funcionó fue echar la salsa en otro cuenco. Desde ese momento pude comer con tranquilidad, y disfrutar de mi fantástico plato. ¡Ya sé qué no debo volver a pedir! 




Por su parte, Fernando pidió un Satay de Patatas: brocheta acompañada con guarnición de ensalada, patatas, y un poso de crema de cacahuete. Me dejó probarla, y su sabor me dejó fascinada. Algo empalagoso, pero me pareció un concepto muy atrevido: la dulzura y jugosidad de la salsa mezclada con el punto seco de la carne resultó ser muy acertada. 


El principal defecto del almuerzo fue la tardanza. A pesar de que el local no estaba lleno, nuestro pedido tardó bastante en llegar. Si tenéis hambre, echadle paciencia al asunto. No obstante, os aseguro que la espera merece la pena. 

Como acabamos con el estómago demasiado lleno, no hubo hueco para postres. Yo necesito aunque sea una pequeña ración de chocolate en mi cuerpo después de una comilona, así que, cuando llegó la hora de los cócteles yo preferí tomarme un batido de chocolate con nata. Qué le voy a hacer. Soy una adicta. 



Nos costó trabajo marcharnos: estábamos muy a gusto tirados en nuestras tumbonas. Por último, me gustaría comentar una cosa; el ambiente de las playas de Estepona es estupendo, pero... ¡tened cuidado con las piedrecillas! Dificultan el baño e imposibilitan el pasear por la orilla. En conclusión, Palm Beach es un chiringuito especial donde se pasa un día mágico.